Me he pasado semanas sin permitirme parar… me imagino que estaba en modo primitivo, y me sentía huyendo de un animal que me perseguía para convertirme en su comida de el día.

He estado en modo hacer y hacer, sentía como que no llegaba a todo y que me faltaba tiempo. Curioso, no? si estoy todo el día en casa. He pintado muebles, cosido camisetas, cosido batas para hospitales, arreglado armarios, reformado la cocina, he visto un montón de documentales, estoy tejiendo una bufanda, investigando en profundidad mi cámara de fotos…. He leído todos esos artículos y revistas que me inspiran. Esas lecturas que me proponen el mundo de ese color que yo lo veo pero que la realidad del día a día distorsiona con sus prisas, consumismo y por qué no decirlo… egoísmo.

Cuanto más hacía, más ansiosa me sentía, he madrugado mucho para no perderme nada y que me diera tiempo… tiempo? pues eso, no sé… que sentía que no llegaba.

He aparcado el yoga durante varias semanas porque sencillamente no me veía parando, respirando… mi cuerpo no me pedía esa calma.

Pero un sábado que tenía una clase online de Yoga sobre Relajación me paré. Y mientras paraba me di cuenta que estaba conectando con esos momentos en los que he sentido paz y tranquilidad en mi vida. Y sin dudarlo aparecieron estos tres momentos en mi cabeza:

 

  • Un baño solitario en la Playa Binigaus en Menorca. Después de madrugar para salir a correr, a la vuelta vi la playa solitaria y pensé… ¿por qué no? me bañé sola, desnuda, no había nadie más, la mañana era gris y el agua estaba muy templada… Me metí al agua, respiré y absorbí ese momento de forma consciente sin pensar en nada más. Ese momento me ha acompañado y me acompaña cada vez que me tengo que imaginar en un momento de calma y felicidad.

 

  • Cuando viajo, siempre llevo mi esterilla de yoga. En Koh Samui (Tailandia), nos alojamos en el hotel Promtsuk Buri con unos bungalows a pocos metros del mar. Cada mañana me despertaba muy temprano, cogía mi esterilla y me iba a la orilla. Sólo estábamos las personas que se dedicaban a recoger las hojas de la playa, mi esterilla y yo. Daba unas cuantas vueltas al sol mientras esperaba a que este apareciera por el horizonte. En cuanto aparecía, el calor era intenso y con las mismas me metía en ese maravilloso y cálido mar. Esa sensación era única, sola, calma, paz…
 

  • En nuestro viaje a Indonesia, visitamos Ubud. Ubud es una ciudad muy espiritual, con muchas escuelas de yoga. Una mañana después de desayunar con mi familia, cogí mi esterilla y con las mismas recorrí paseando los 20 minutos que me distanciaban de la escuela de yoga, YOGA BARN. Ubud es una ciudad muy muy bulliciosa y con mucho tráfico. Recuerdo ir flotando y disfrutando de cada paso que daba, disfruté el trayecto, disfruté el llegar pronto y poder bichear la escuela, disfruté sentarme en la sala a esperar a la profe, disfruté de ver al resto de compañer@s en su preparación a la clase, disfruté la práctica de yoga, lo disfruté…… Fue una mañana especial y como tal la recuerdo.

Después de colocar estos tres momentos en mi cabeza me he dado cuenta que el yoga y la respiración están en prácticamente los tres momentos. Me sorprendió también que sintiéndome yo nada “acuática” el mar estuviera en dos de ellos. Por eso, ha sido enriquecedor sentir que parar, respirar y el yoga me anclan a mi misma y que estos días me he sentido sin rumbo porque he dejado aparcado estos momentos conmigo misma.

¡¡Cuanto anhelo viajar!!, viajar es un salvavidas en mi vida. En estos momentos, no siento que me esté ahogando, pero sí sueño con próximos viajes y me traslado a los pasados para llenarme de las emociones tan bonitas que he vivido en cada unos de ellos. Pero por encima de todo…… estoy disfrutando mucho del momento presente.

NAMASTE… o SAMANTE…. (si eres seguidor de “Nadie sabe nada” 😉 )

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