Bernabé vive solo con sus dos pelud@s. La vida le atrapó en la vorágine del trabajo durante muchos años y se olvidó que había muchas más cosas. Renunció a tener una familia por no tener tiempo para ello, el trabajo lo llenaba todo. Ahora, después de que la vida le dijera que era necesario pasar por ella, con un susto de esos que se presentan en forma de enfermedad, ha decidido cambiar sus prioridades.

Ha cambiado sus prioridades porque se ha dado cuenta que donde tenía puesto el foco era algo muy superficial. Cuando más ha necesitado apoyo,  se ha visto de cara con la soledad, con esa soledad que no podía ver porque todo su tiempo lo invertía en trabajar. Por eso, a día de hoy no descarta encontrar a alguien con quien compartir su vida, aunque encontrarse él ha sido el mayor éxito en su vida.

Es el director del departamento de recursos humanos en una multinacional. Desde que la vida le aviso con luces de neón que tenía que vivirla, ha conectado mucho más en su trabajo y la importancia que tiene su persona para con el resto de compañer@s. Ha cambiado su verticalidad, por una horizontalidad más gratificante para tod@s. Ha comprendido la importancia del tiempo y ha luchado por dar ese bien preciado. Demostrado está, que las personas dan mucho más cuando se sienten comprendid@s y además disponen de ese tesoro “tiempo” para vivir la vida.

Aún con toda esta nueva armonía, Bernabé está deseando que lleguen los viernes. No es nada original, y lo sabe… Es justo ese día cuando a las 15:30 ya tiene su Citroën Boxer lista para salir de viaje. Cuando ese día llega, se recoge su larga barba en un par de trenzas y se viste con su ropa de montaña preparada para aguantar bajas temperaturas.

Y es entonces, cuando junto con Molly y Coliflor, sus dos inseparables amig@s perrun@s, toma asiento a los mandos de su furgo y emprende camino a sus amadas montañas. Conduce durante un par de horas hasta llegar hasta ese lugar donde sabe que tendrá unas vistas incomparables para alimentar su alma de insuperables sensaciones de libertad. 

Y así pasa el fin de semana, dedicado a actividades tan sencillas como dar paseos a sus perr@s, rellenar agua desde la fuente más cercana, airear su calentito saco de dormir y cocinar comidas muy sencillas en su vieja trangia. Sus libros y sus meditaciones son sus otros compañeros de viaje.

Sueña con alargar estas escapadas. Hay semanas que consigue rascar tiempo al tiempo y trabaja un par de días desde estos lugares. 

Cuando vuelve a su casa sin ruedas, vuelve extasiado y creyéndose la persona más afortunada del mundo.